delaMalaZ

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Secretos

Las ciudades son campos de minas donde hay que ir sorteando secretos que al mínimo descuido te estallan en los pies. Un apellido en las noticias, una casualidad remota, un deseo prohibido, un pasado que vuelve.
Cuando hay demasiados vínculos, es el momento de irse o de quedarse?
Las mochilas, cargadas a la espalda, nos lastran los besos; pesan las heridas. Nos roba el sueño la duda del cuándo o el quizá. De nuevo, contarse las verdades (incluso toda la verdad) parece un ejercicio arriesgado. O no? La mitad del mundo aconseja ser tu, con todos tus defectos en forma de miedos y mentiras. La otra mitad, recomienda seguir los manuales: paso adelante atrás, tiempo de espera, guarda reposo, actúa con medida indiferencia.
Y en cambio yo, que basculo entre los dos extremos, me siento más agusto cuando arriesgo con la sinceridad - y asi me lo demuestran los resultados. Pero es verdad tambien que hay que ser muy valiente y muy segura para ir de frente sin miedo al que dirán.
Cuando cierran los bares, Velázquez sigue siendo un barrio bien y Malasaña todavía huele a pis. En la soledad del taxi y de la cama, no hay peor secreto que el que no nos contamos a nosotros mismos….pero todos ven.

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Achtung!

Soy una croqueta revolcándose en harina. Me han echado de golpe en la sartén y me derrito por dentro mientras el aceite hirviendo me endurece la coraza.

Soy una suicida que a veces arriesga su vida sentándose en un water publico. No entiendo por qué no podemos mear a oscuras si la vejiga no tiene ojos.

Levito en tacones; camino a ras de suelo. Oigo a los buitres graznar. Quieren sacarme los ojos. Arriesgo con la emoción pero no con los ahorros. Tuve miedo y lo perdí. Sin vergüenza me sonrojo. Y todavía en 2012 me crezco solo delante de mamá. 

Vivo en El show de Truman, viajo en AVE o en triciclo. No tengo término medio, no se cuándo terminar. Y pese a eso, aún tiendo a darlo todo a la primera.

Dudo de la bondad rentable.Quiero dejar de dudar.

He aprendido a marcar límites, me he vallado el corazón a golpes de palaustre. Me han llamado la atención y me han dado calabazas. Me he curado con donetes, me he limpiado con palabras. Me he rendido a la evidencia. Me he mutado en holograma.

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Pena

Hay una epidemia de pena. Yo quiero envejecer y que se me pase este horror de vérseme descolgarse la piel en las caderas, de constatar los picos de mis cartucheras, dejar de cubrirme las ojeras con fond de teint. Y cuando me jubile, no seré una señora elegante sino una persona mayor. Iré al último ultramarinos sobre la faz de la tierra a comprar patatas al peso, reduciré mi dieta a tres alimentos, pelaré una pera cada noche, usaré falda con calcetines, como una colegiala repetidora.

Cuando me haga grande, seré una veterana de paz y pediré que me rindan honores las palomas de algún parque.

Hay una epidemia de pena y sólo se cura a base de almohadas.

El ocio es un negocio muy rentable. Caminamos como quesos gruyere llenitos de agujeros y hay que rellenarlos de algún modo.

Me dejaré crecer el moño, daré abrazos al peso, y prestaré servicio a domicilio a todos los independizados que necesiten un pecho blandito y consejos con olor a magdalenas. En el mundo hay demasiada gente sola. TeleAbuela. Te hacemos la cena, te arropamos, te contamos un cuento para adultos, te damos las buenas noches, y dejamos que nos cuentes qué tal te ha ido el día, sin guasap. Te ponemos el termómetro y te removemos el alma y el café.

Y cuando estés dormido, te retiramos el cartel de “no romper” de la frente, abrillantamos el “muy frágil”, y corregimos tu postura. Mañana, con el tacto de otras manos en tus manos, te sentirás como nuevo. Estarán atusados los cojines del sofá, doblados los calcetines, y en orden tus ideas. Empezará a importarte tener la casa limpia, habrá un tarro de infancia en la mesilla, será como desayunar acompañado, combatirás atascos con sonrisas. Se hará de día.

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Success consists simply on getting up one more time than you fall.
Jerry McGuire

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Descartes

En el kilómetro 7 de la M30 hay un desvío del carril central al carril derecho que te obliga a cruzar cuatro carriles en apenas 500 metros, a velocidades medias de 80 km/h. Me pone nerviosa. Cruzar es una carrera de obstáculos, una sucesión de miradas furtivas al retrovisor. Las hostias pueden llegar de todos lados. Igual que en la vida. Pero al llegar al final de O’Donnell la Puerta de Alcalá se despliega grandiosa ante mis ojos como si fuera un gran castillo hinchable.
En el túnel que llena de agujeros el subsuelo de Azca, las salidas y las entradas se suceden como en un hormiguero. Despues de unas cuantas vueltas a oscuras, justo en la curva un coche en paralelo. Y de repente, me di cuenta. Estoy acostumbrada a ir delante o ir detrás, pero no a que me igualen la velocidad, a que dibujen el angulo de la curva conmigo.
Merece la pena la angustia pasajera?
Con la feniletinamina corriendo por las venas y el escepticismo cartesiano que me caracteriza, me niego a descartar mis opciones a fuerza de parecidos razonables. A menudo elegimos como si esto fuera un Quien es Quien gigante, bajando plaquitas con calvas de mas, bigotes de menos, rubios, pelirrojas, gordos, flacos. Pero, y si nos equivocamos solo como consecuencia de una inteligencia erronea, defectuosa?
En el outlet de la memoria, con la etiqueta de tara puesta y la ilusion a manos llenas, cruzo de un golpe todos los carriles de un volantazo y me preparo para ver, acompañada, el magnífico espectáculo que se abre ante mis ojos detrás de la curva.